El hielo es, con diferencia, el enemigo natural del servicio de agua embotellada premium cuando se elabora con agua de red y sin control higiénico. Diluye, altera el perfil mineral y puede introducir sabores e impurezas. La alternativa no es “prohibir” el hielo, sino controlar su fuente y su calidad.
La mejor práctica: servir fría en su rango (8–12 °C sin gas; 6–8 °C con gas) y sin hielo. Si se usa, que sea del mismo agua y bajo control.
Algunas marcas han explorado bandejas prellenadas con agua de su propio manantial para congelar y usar como hielo “de la casa”. Es una idea cara para hogar, pero potente en coctelería y restaurantes: elegir marca de agua y tipo de hielo como parte del servicio.
Nota: lograr hielo totalmente transparente es difícil y el efecto dura poco en vaso; lo importante es sabor neutro y higiene.
Versátil. Fundido medio. Para agua con gas en highball y refrescos.
Menor relación superficie/volumen ⇒ menos dilución. Servicio elegante.
Enfría rápido pero diluye más. Útil para enfriar shock y retirar.
Presentación premium. Requiere bloques claros y herramientas limpias.
Coste-beneficio: usar la misma agua de servicio para fabricar el hielo aumenta el coste por vaso, pero protege la experiencia premium.
Si usas hielo, que sea del mismo agua y con higiene estricta: enfría sin traicionar el origen.