El pH (potencial de hidrógeno) es una medida de la acidez o alcalinidad de una disolución. Indica la concentración de iones hidronio [H₃O⁺] y se define como el logaritmo negativo en base 10 de la actividad de los iones hidrógeno (H⁺). En agua, el pH condiciona sabor, corrosividad y estabilidad, y es clave en salud, medio ambiente, agricultura e industria.
El pH contribuye de forma moderada al perfil sensorial del agua: de forma orientativa, ~5% frente a la carbonatación (~75%) y el TDS (~20%).
El pH es un parámetro crucial que influye en el sabor, la calidad y la seguridad del agua, así como en procesos ambientales y productivos. Monitorizarlo y controlarlo —junto a TDS y carbonatación— garantiza un agua segura y adecuada para consumo, cocina, riego e industria.
La alcalinidad (principalmente por bicarbonatos/carbonatos) es la capacidad del agua para resistir cambios de pH. No es lo mismo que “agua alcalina”: un agua puede tener pH cercano a 7 pero alta alcalinidad y, por tanto, ser estable frente a ácidos/bases débiles.
No. Interactúa con TDS, dureza, alcalinidad, gases disueltos y posibles contaminantes.
Depende del uso y del perfil mineral. En cocina y bebida diaria, importa el equilibrio global.
Vigila pH, dureza y alcalinidad para evitar incrustaciones y corrosión; revisa recomendaciones del fabricante.