Parte del hielo glaciar que se formó hace 12–15 mil años termina desprendiéndose al mar como icebergs. Algunas iniciativas captan y funden ese hielo para embotellar su agua, a menudo en regiones como Terranova. El reclamo de “pureza prístina” exige matices: hoy sabemos que el hielo también puede contener partículas y microorganismos atrapados a lo largo del tiempo, por lo que la trazabilidad y el control son esenciales.
La nieve poco contaminada de periodos fríos se compactó en capas hasta formar glaciares. Por dinámica del hielo y acción oceánica, grandes bloques se desprenden y flotan a la deriva como icebergs. Esos bloques pueden conservar microburbujas y aerosoles atrapados desde su formación, y eventualmente también sedimentos superficiales recientes.
En el Atlántico Norte, algunos fragmentos se remolcan hacia zonas costeras (p. ej., Terranova) donde se trituran y funden bajo control. La cadena incluye:
De témpano a botella: fundido controlado, filtración y desinfección para un perfil ligero y neutro.