El agua ha sido motor de vida, tecnología y cultura desde el origen del planeta azul. De los hielos primigenios a los acueductos romanos y los balnearios modernos, su historia es, en gran parte, la nuestra.
El nuestro es el planeta azul. ¿De dónde proviene el agua? Los hallazgos en astrofísica sostienen que una fracción significativa llegó como hielo cometario y material rico en volátiles desde los confines del sistema solar, hace más de 4.000 millones de años, durante los episodios de bombardeo temprano. La mayor masa de la Tierra permitió retener parte de ese hielo.
El hielo traía gases nobles, silicatos y polvo interestelar. Es plausible que también aportara aminoácidos, ingredientes de la química prebiótica. Sea como fuere, el agua se volvió clave para la evolución y para el desarrollo de las primeras civilizaciones agrícolas, que hace ~10.000 años iniciaron grandes obras de captación, almacenamiento y distribución.
Los romanos hicieron del agua una infraestructura de Estado. Sus acueductos (aquaeductus) alimentaban ciudades, termas e industrias con estándares que no se superarían durante siglos.
En su apogeo, Roma manejó una red de 11 acueductos y volúmenes diarios que modernamente calificamos de asombrosos. Los romanos valoraban transparencia y sabor de cada fuente.
En culturas de desierto y bosque, el agua es vida y purificación. Manantiales y ríos han sido escenarios de rituales y ofrendas desde tiempos remotos.
La costumbre de lanzar monedas a las fuentes hunde sus raíces en estas prácticas votivas.
Desde finales del siglo XVIII, con la higiene en el centro del debate, proliferan las estancias termales. Surgieron destinos célebres como Contrex (Francia) o Fiuggi (Italia). Primero el agua era gratuita en origen, luego se empezó a embotellar en gres y vidrio y a distribuir como lujo.
Muchas fuentes famosas (Vichy Catalán, Ferrarelle, Apollinaris) son naturalmente carbonatadas. La carbonatación artificial se documenta desde el siglo XVII en Niederselters (Alemania), origen del término seltzer.
En Francia, Evian abre su primer baño termal en 1824 y para 1829 ya vende agua embotellada. Perrier, con captaciones usadas desde época de Aníbal, se relanza bajo Napoleón III y alcanza proyección internacional con Louis Perrier y Sir Saint-John Harmsworth. La icónica botella verde y la publicidad en prensa cimentan su lema: “el champán de las aguas minerales”.
El hilo conductor: de recurso vital a experiencia cultural y gastronómica.