Con virginidad del agua nos referimos —de forma simbólica— al grado en que un agua conserva su estado original sin influencia humana ni contaminación. Ejemplos canónicos serían un manantial prístino o el hielo/nieve recién fundidos. En la práctica, el indicador más útil de esa “virginidad” es el nivel de nitratos (NO₃⁻), porque se infiltran con facilidad hacia los acuíferos y revelan la presión agrícola, urbana o industrial del entorno.
Los nitratos son un termómetro de la presión antrópica sobre el agua subterránea.
Valores por debajo de ~10 mg/L suelen ser indicativos de buena protección del acuífero.
La trazabilidad (lote, fecha y punto de muestreo) es clave para interpretar tendencias y estacionalidad.
En agua embotellada premium, lo deseable es prevenir (captación protegida) antes que corregir.
Los nitratos resumen el grado de exposición antrópica del agua. Mantenerlos muy bajos preserva la virginidad del perfil, protege la salud y cuida los ecosistemas. La estrategia óptima combina prevención en origen, vigilancia analítica y, sólo cuando es imprescindible, tratamientos correctivos.
Evidentemente no potable