Cata de vinos: técnicas, claves sensoriales y consejos prácticos
Guía práctica para aprender a catar vino
Catar vino no es postureo ni hablar raro: es prestar atención. Atención a lo que ves, a lo que hueles y a lo que pasa en la boca. Con un poco de método, cualquiera puede aprender a identificar estilos, entender por qué un vino gusta o no, y disfrutarlo mucho más.
Esta guía te explica la cata paso a paso, con lenguaje claro y fundamento sensorial. No necesitas ser sumiller: solo curiosidad, una copa adecuada y ganas de probar.
¿Qué es una cata de vinos?
Una cata de vinos es un proceso ordenado para evaluar sus características organolépticas: lo que perciben los sentidos. Se analiza el aspecto visual, los aromas, el sabor, la textura y el equilibrio general.
Dependiendo del objetivo, la cata puede ser más técnica o más lúdica:
- Cata técnica: busca objetividad. Se usa para evaluar calidad, defectos, estilo o tipicidad.
- Cata hedonista: se centra en el disfrute personal. Aquí no hay notas “correctas o incorrectas”.
- Cata vertical: varias añadas del mismo vino para ver su evolución en el tiempo.
- Cata horizontal: vinos del mismo año pero de bodegas o zonas distintas.
En casa, lo ideal es una mezcla: un poco de método técnico y mucho disfrute.
Fase visual: lo que el vino cuenta antes de olerlo
La vista es el primer contacto con el vino. No determina la calidad, pero sí da pistas sobre su edad, estilo y concentración.
- Color: en tintos va de violáceo (jóvenes) a granate o teja (evolucionados). En blancos, de verdoso a dorado.
- Intensidad: cuánta luz deja pasar. Suele relacionarse con concentración y cuerpo.
- Limpidez: debe ser brillante. Turbidez no siempre es defecto, pero conviene saber por qué está ahí.
- Lágrimas: indican viscosidad (alcohol y glicerina). No son sinónimo de calidad.
Técnica: inclina la copa sobre un fondo blanco y observa el borde y el centro del vino.
Fase olfativa: donde el vino habla de verdad
El olfato es el sentido más importante en la cata. Gran parte de lo que llamamos “sabor” es, en realidad, aroma.
Los aromas se suelen agrupar en tres familias:
- Aromas primarios: fruta, flores, notas vegetales. Vienen de la uva.
- Aromas secundarios: fermentación: pan, yogur, mantequilla, levadura.
- Aromas terciarios: crianza y evolución: vainilla, cuero, tabaco, especias, frutos secos.
Técnica en dos pasos:
- Primera nariz: huele sin agitar. Da información sobre finura y limpieza.
- Segunda nariz: agita suavemente y vuelve a oler. Aparecen más aromas.
Fase gustativa: estructura y equilibrio
En boca el vino se confirma… o se desmiente. Aquí analizamos textura, equilibrio y persistencia.
- Ataque: primera sensación al entrar en la boca.
- Evolución: cómo se desarrolla mientras lo mueves y oxigenas.
- Final y retrogusto: cuánto dura y qué recuerdos deja al tragar.
Además, fíjate en los grandes pilares: dulzor, acidez, taninos, alcohol y cuerpo. Un vino equilibrado no destaca por uno solo, sino por cómo encajan todos.
Vocabulario básico de cata (sin complicarse)
- Frutado: recuerda a fruta fresca, madura o confitada.
- Floral: violetas, rosas, azahar.
- Especiado: pimienta, clavo, vainilla, canela.
- Mineral: piedra mojada, tiza, pedernal (más sensación que aroma literal).
- Tánico: astringencia que seca la boca.
- Equilibrado: nada sobresale de forma molesta.
Importante: si algo te recuerda “a otra cosa”, aunque no sea fruta o flor clásica, esa referencia es válida para ti.
Errores comunes y cómo evitarlos
- Copas pequeñas o cerradas que no dejan expresar aromas.
- Temperatura incorrecta (blancos helados, tintos demasiado calientes).
- Ambientes con perfumes, comida fuerte o mala iluminación.
- Agitar la copa como si fuera una coctelera.
Consejos prácticos:
- Compara vinos similares para entrenar el paladar.
- Toma notas, aunque sean palabras sueltas.
- Prueba el vino con y sin comida.
- Visita bodegas y pregunta sin miedo.
Conclusión
Catar vino es un aprendizaje continuo. No se trata de acertar, sino de escuchar al vino y a tu propio paladar. Con práctica, empiezas a reconocer patrones, estilos y preferencias.
Y recuerda: el mejor vino no es el más caro ni el más técnico, sino el que disfrutas y entiendes. 🍷